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BASTA A LA PESADILLA DE DROGAS
La solución humana al problema para devolver la seguridad a nuestras calles
EEUU vive una pesadilla de drogas. Un 80 % de las agresiones
callejeras, y los asesinatos y robos, se relacionan con drogas. Las pandillas del narcotráfico
han extendido su poder a cada ciudad y pueblo. Muchos policías se han corrompido, los tribunales no
dan abasto, y las prisiones también estallan de llenas. El cebo de las rápidas y
cuantiosas ganancias convierte a los niños en distribuidores, y a los policías en malandrines.
Cada año hay una escalada en la Guerra a las Drogas. Se gasta
más dinero, se confiscan más sustancias, y se hacen más severas las penas a los
usuarios. Sin embargo las drogas ilegales son cada año más abundantes.
Es simple la razón por la cual no se gana la Guerra a las
Drogas: combatimos al enemigo equivocado. Nos dicen que los responsables de la pesadilla son los
vendedores y usuarios. Pero la causa real es la prohibición o criminalización de la droga.
La Prohibición Debe Revisarse
No es la primera vez que el Gobierno de EEUU intenta salvar a los
estadounidenses de sí mismos. En 1919, la 18ava. Enmienda a la Constitución prohibió la
fabricación de bebidas alcohólicas. Súbitamente, honestos ciudadanos responsables fueron
convertidos en delincuentes por el simple hecho de querer una bebida. Los bares respetables se
volvieron tabernas clandestinas subterráneas, y los fabricantes de licor legítimo fueron
reemplazados por contrabandistas criminales. Las violentas guerras entre pandillas se hicieron cosa
común y corriente. Había sobornos masivos de policías y jueces. Los delincuentes
que fabricaban la caña ilegal prestaban poca atención a su calidad, y algunos
consumidores quedaron ciegos o muertos por los productos adulterados.
Años después, los políticos se vieron obligados
a admitir lo inútil de aquel intento por legislar la moralidad. El licor era dañoso,
pero su prohibición era peor. En 1933, la Prohibición se derogó.
La Violencia Y Los Costos Sociales de la Prohibición
Hoy el licor es legal, y ya no hay tiroteos sobre los toneles de
cerveza ni los barriles de ginebra. Pero ahora se repiten las mismas consecuencias desastrosas con la
droga.
Antes de que Presidente Reagan declarara la guerra total a las drogas,
las tasas de criminalidad estaban descendiendo en EEUU; pero con las nuevas leyes antidroga, los
crímenes violentos aumentaron 32 % entre 1976 y 1985. Hoy muchas áreas céntricas
de nuestras ciudades se han vuelto violentos desiertos. Mientras más intenta el Gobierno
suprimir el uso de las drogas, más aumenta la violencia por causa de ellas. Los resultados de
la criminalización son las enormes ganancias del mercado negro, y el dominio del comercio de
droga por bandas delictivas. Cuando las pandillas batallan entre sí y con la policía por
el control de los territorios, la violencia masiva es inevitable.
La prohibición también resulta en unos precios enormemente
inflados. El precio de la heroína en la calle es unas 5,000 veces el del hospital o la farmacia. Para costearse un hábito de 400 dólares diarios, la
mayoría de los adictos tienen pocas opciones: prostitución, robo, asalto a mano armada.
Decenas de miles de consumidores sociales también han visto sus vidas inútilmente
arruinadas por la prohibición: un sólo arresto puede destruir a una carrera o familia.
Pero sin importar cuántos estadounidenses sean arrestados por
el uso de drogas, ni cuántos usuarios de clase media pierden sus empleos y hogares, la prohibición
no puede tener éxito. Vea Ud., dentro de cualquier prisión de este país –
con todas sus jaulas humanas, verjas de hierro, guardias fuertemente armados y continua vigilancia –
las drogas siempre están disponibles dentro de las rejas, para quienes pueden pagarlas. Si la
represión brutal no puede mantener las drogas fuera de nuestras cárceles, convertir la
nación entera en una enorme prisión tampoco las mantendrá lejos de nuestras calles.
¿Cuán Peligrosas Son Las Drogas Ilegales?
La violencia asociada a las drogas ilegales es ciertamente real, pero, ¿cuán grande es el riesgo médico de las drogas en sí
mismas? Cada año más de 50 mil estadounidenses mueren por abuso de alcohol; y más
de 400 mil por enfermedades relacionadas con el tabaco. Pero menos de 3 mil por drogas ilegales.
A diferencia del tabaco y el alcohol, la marihuana – la más
común de las drogas ilegales – no es adictiva, y no ha habido un solo caso registrado de
sobredosis. Las drogas ilegales causan mucho menos daño médico que el alcohol y la
nicotina. El deseo de "subir" parece tan fundamental como el impulso sexual, y casi tan difundido.
Dada la naturaleza humana como es, la política más humana parecería educar a las
personas honestamente sobre los riesgos de las drogas, alentar a la moderación, y buscar que
los tóxicos sean lo menos inseguros. Pero esas políticas se han hecho imposibles por la
demonización y criminalización de las drogas.
La criminalización también es causa de la inmensa
mayoría de las calificadas como "muertes por sobredosis". Siendo ilegales, no hay control de
calidad del fabricante, ni manera de demandar a vendedores de drogas adulteradas. Las agujas y otros
accesorios también son ilegales, y así los usuarios fuertes los comparten, lo cual es
una de las más importantes causas de la difusión de la epidemia del SIDA.
Más de 70 millones de estadounidenses usan ocasionalmente
drogas ilegales, particularmente marihuana. En su inmensa mayoría no son adictos, sólo
consumidores sociales moderados. El pequeño porcentaje de los realmente adictos merece nuestra
compasión y ayuda, no persecución y cárcel.
La Inhumanidad de la Guerra
Los pobres – principalmente negros – del centro de las
ciudades son en particular tristes víctimas de la Guerra. Pocos jóvenes pobres
tomarán trabajos iniciales de 5 o 6 dólares la hora pudiendo ganar unos cuantos miles a la semana en la venta de drogas. Sin tempranas habilidades
laborales, terminarán como delincuentes o en la Asistencia Social por el resto de sus vidas. El
inmenso atractivo de una vida dedicada al crimen lucrativo sólo se acaba terminando con las
superganancias de las drogas, devolviendoles su legalidad.
Otras víctimas de la Guerra son los estadounidenses de clase
media despedidos de sus empleos por el uso casual de alguna droga; y los niños tratados como
delincuentes en las escuelas, sometidos a pesquisas intrusivas en sus ropas y pertenencias; y los
enfermos de glaucoma y cáncer a quienes se niega el uso médico de marihuana; y las
familias de clase media con sus casas, automóviles y cuentas bancarias confiscadas por
delitos menores.
La Guerra Antidrogas se ha Vuelto
Una Guerra Antilibertad
La herencia de mayor orgullo para los estadounidenses es nuestra
libertad para vivir nuestras vidas como nos parece en tanto no dañamos a otros. Ese derecho de
nacimiento se está destruyendo ahora en nombre de una victoria en la Guerra Antidrogas.
La política de "Cera Tolerancia" convierte en objetivos de la
Guerra a los usuarios de droga casuales: la policía confisca sin juicio los automóviles,
casas, cuentas bancarias y empresas de al menos 2,000 personas inocentes por semana. Sin garantías,
sin causa probable, y sin debido proceso. En su mayor parte estas propiedades se venden en subasta
pública, y con los beneficios se contratan más policías antidroga. Bajo programas
como el "Barrido Limpio" de Washington DC ("Operation Clean Sweep"), la policía hace barridas
por tiendas y restaurantes con armas automáticas, y obliga a la gente a tirarse al piso
mientras investiga. Cogen cualquier dinero en efectivo que puedan tomar; y a quien proteste o resista
le golpean o disparan. En Nueva York las hospederías para los sin casa se están
convirtiendo en cárceles. El anterior "Zar Anti-Droga" William Bennett propuso instalar
prisiones en barcazas sobre el río Potomac, a la sombra del Monumento a Washington. Y bajo la
"Campaña Contra la Planta de Marihuana" en California, los equipos SWAT patrullan el norte del
Estado en helicópteros: si encuentran una planta de marihuana (muchas crecen silvestres), las
casas, negocios y terrenos quedan sujetos a confiscación inmediata. Los dueños tienen
20 días para demandar al Gobierno la devolución de sus propiedades.
Originalmente la "Guerra" era una metáfora. Ahora es una
realidad. En Diciembre del '89, 20 mil soldados estadounidenses invadieron Panamá, tras el
"hombre fuerte" Manuel Noriega, acusado de narcotraficante. Mataron al menos 4,000 panameños
inocentes y destruyeron vecindarios enteros para capturar a un hombre. Hoy en América del Sur
los guerreros antidroga de EEUU les dan entrenamiento, helicópteros artillados y armas automáticas
a algunos de los régimenes más represivos del mundo, para atacar caseríos y
terrenos de campesinos acusados de plantadores. Esas tácticas brutales tienen por resultado
convertir en héroes populares a los narcotraficantes antigubernamentales, y a los revolucionarios
comunistas.
La "Santa Cruzada" del Gobierno de EEUU contra las drogas se ha
vuelto una tremenda amenaza a la paz, a la libertad y a la prosperidad en todo lo largo del mundo.
Cómo La Legalización Afectaría El Consumo
La legalización acabaría con todos esos horrores. Sin
embargo, el argumento más fuerte en su contra es que produciría un aumento masivo en el
uso. Pero hay poca evidencia para apoyar este aserto. En Holanda, Bélgica y otros países
europeos que legalizaron de facto las drogas, su consumo sólo aumentó levemente. En
cambio el crimen, las sobredosis y las muertes relacionadas con drogas se redujeron dramáticamente.
La legalización en EEUU podría hasta reducir el consumo.
En 1975, Alaska legalizó el uso privado de marihuana. Y en 1982, un estudio de la Universidad
de Alaska mostró que sólo un 4 % de estudiantes la consumían diariamente, en
lugar del 6.3 % promedio nacional entre los egresados de bachillerato.
La legalización acaba con la imagen de "fruta prohibida". Y
además elimina las enormes ganancias para los narcotraficantes, y el incentivo a venderlas para
los minoristas. Acaba con todo ese ruido, histeria y locura asesina inevitablemente relacionados con
la prohibición.
Fin de la Pesadilla
Por décadas el Gobierno ha estado empeñado en una
inútil guerra a las drogas. Con cada nueva ofensiva, aumentan la violencia y la brutalidad, y
declina nuestra libertad. Si se legalizan las drogas, su uso se volvería simplemente otro vicio
como fumar o beber. Acabaría con la mayor parte de la violencia, el embrutecimiento de los
usuarios, la corrupción de la policía, los atascamientos en tribunales y prisiones, y
la mayoría de las muertes por sobredosis. Liberaría recursos sociales para una eficaz
educación sobre drogas y para el tratamiento compasivo a los adictos.
Deben legalizarse no porque sean buenas o beneficiosas, sino porque
hacen menos daño a nuestras vidas, propiedades y humanidad que las leyes prohibicionistas. El
consumo de drogas sin la represión es un mal tolerable. Pero una Guerra interminable y fútil
es un ataque intolerable al mismo ser de los EEUU de América. La Guerra a las Drogas es la
causa de nuestra pesadilla, no su solución. Nuestra nación sólo estará
segura cuando nosotros seamos más libres, y las drogas legales.
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Jarret B. Wollstein es miembro de la Junta
directiva de ISIL, y fundador de la original Sociedad para la Libertad
Individual. (SIL)
Este panfleto fue publicado originalmente en 1990, y revisado en 1998, y de
nuevo en agosto de 2001. Es parte de la serie de panfletos educativos de ISIL.
Haga clic aquí para ver el índice de panfletos on-line.
Los panfletos educativos de ISIL están disponibles a 5¢ cada copia. Haga clic aquí para ir a la Tienda de ISIL.
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