El movimiento de las "escuelas públicas" comienza en la
década de 1830, liderizado por Horace Mann. Supuestamente el objetivo era garantizar que todo
niño tuviese acceso a una educación. No obstante, desde el comienzo mismo hubo otra
agenda: controlar lo que se enseñaba, para crear los llamados "ciudadanos ejemplares". Escuela
pública significa tomar el control de la educación de manos de los padres para
entregarlo a los ingenieros sociales y el gobierno.
¿Alguna vez hubo un clamor popular por las escuelas públicas?
La respuesta es: no. Básicamente, la exigencia de escuelas gubernamentales provino de las
élites, y en respuesta a dos percibidas amenazas a "su" noción de sociedad:
- el surgimiento de la "gente común", que comenzaba a hacerse políticamente activa; y
- la afluencia de inmigrantes.
Las elites políticas e intelectuales promovieron en las
escuelas del gobierno un sistema de valores que por entonces se consideraba no estadounidense: ciega
obediencia a la autoridad; conformismo; equiparación de patriotismo con lealtad al gobierno;
jerarquización tipo militar de las personas, impuesta desde fuera; y mantenimiento del mito de
que el conocimiento es un bien escaso que sólo puede obtenerse de una elite sacerdotal educativa.
Muchos padres resistieron esos intentos de burócratas oficiales
por imponerles valores extraños a sus hijos. La mayoría de los grupos étnicos
también resintió que las elites trataran de socavar y usurpar su autoridad paterna; el
ejemplo más obvio, los católicos, que enseguida sintieron la necesidad de tener sus
El Papel De La Descentralización
Afortunadamente, el enorme impacto del sistema escolar gubernamental
fue mitigado por la descentralización en el siglo XIX. Virtualmente cada escuela tuvo su propia
junta escolar autónoma, con poderes para contratar y despedir maestros libremente, basada en
sus propios juicios.
Pero a la vuelta del siglo, en la "era progresiva", comenzó un
concertado intento de destruir ese sistema de control local, a través del movimiento de las
"escuelas unificadas". Pasaron 50 años antes de que casi todo el país fuese sometido a
ellas, y esa demora puede haber retardado la decadencia total hasta después de la II Guerra
Mundial. La idea tras las escuelas unificadas era que serían capaces de ofrecer una amplia
gama de cursos gracias a las "economías de escala". Sin embargo el objetivo real parece haber
sido quitar a los padres el control de las escuelas para ponerlo bajo la égida de los
"profesionales" de las burocracias educativas.
En esa misma época comienza el movimiento para obligar a los
maestros a cursar en las "escuelas pedagógicas" especializadas, y la exigencia de certificaciones
estatales obligatorias. El criterio para contratar eran ahora los certificados de graduación de
esos centros, antes que las habilidades docentes demostradas. En muchos estados, a las juntas escolares
locales se les prohibió conducir sus propios exámenes para maestros.
Y una vez que los padres perdieron el control de las escuelas, estas
se convirtieron rápidamente en laboratorios experimentales de ingeniería social. Las
modas docentes – como la "educación progresiva" – fueron impuestas a los desvalidos
párvulos, en vanos intentos de usar la sicología conductista para remodelarles, siguiendo
alguna visión de "buenos" ciudadanos. Cada tópico – desde educación sexual
hasta textos "políticamente correctos", pasando por modo de transporte obligatorio – se
transformó en un método para modelar niños según alguna imagen ideal: el
legado de Horace Mann sería el despotismo del control gubernamental y la manipulación
burocrática.
Dinero Y Poder
La centralización avanzó otro paso de gigante en los
años '50, cuando el financiamiento de las escuelas empezó a pasarse a los gobiernos
estadales. El primer resultado fue un crecimiento explosivo de las burocracias educativas en
tamaño y poder. Según Steve Buckstein – del Instituto "Cascada" de Políticas
[Cascade Policy Institute] – el distrito escolar de Portland (Oregon) tiene en su oficina central
600 empleados, o sea aproximadamente uno por cada 92 estudiantes. Por comparación, el área
de la misma ciudad en el sistema escolar católico, con 11.500 alumnos, tiene solamente 5
empleados en su oficina equivalente; quiere decir: 1 por cada 2.300 alumnos. Significa que las escuelas
regentadas por el gobierno tienen 25 veces más gente en su oficina central.
Con la quiebra de los nexos entre padres y escuelas, también
se quitó toda barrera al copamiento de las mismas por los sindicatos: la Asociación de
Educadores y la Federación de Maestros [NEA: National Education Association; y AFT: American
Federation of Teachers.] Esos sindicatos han hecho casi imposible el despido de maestros
incompetentes. Han prohibido las diferencias salariales para los enseñantes más capaces,
o para atraer maestros en asignaturas donde son escasos, como matemáticas y ciencias. Y
además, como los administradores también son miembros de los sindicatos, se ha hecho
casi imposible reducir el tamaño de la burocracia.
Las burocracias de la escolaridad estatal han transformado asuntos
como las currícula en campos de la batalla política. La selección de libros de
texto ha desembocado en fieros combates entre los diversos grupos de intereses especiales. La
escogencia de manuales de historia y ciencias sociales es un área de conflicto permanente. En
biología, pequeños sectores de la derecha religiosa han forzado el "enmudecimiento" de
libros de ciencia, mientras que los "políticamente correctos" han hecho de los textos de
historia y ciencia sociales obras casi sin valor alguno.
El control gubernamental de las escuelas ha tenido efectos
desastrosos en minorías raciales como los negros. La sentencia "Brown versus Junta de
Educación" prohibió la segregación en las escuelas públicas. Sin embargo,
en lugar del control parental se impuso una nuevo conjunto de controles y exigencias, modalidades de
transporte obligatorias, etc., lo que sin duda fracasó. Se ignoraron los problemas específicos
de cada niño, lo cual fue en detrimento de la educación de todos. No es sorpresa que en
años recientes las minorías raciales hayan conducido la lucha por cambiar esas reglas.
En ciudades como Chicago, muchos padres negros inscriben a sus hijos en escuelas católicas
y privadas.
Otro experimento social fracasado es el de las pruebas de Coeficiente
de Inteligencia [IQ: Intelligence Quotient] y en especial el "encanalado" [tracking]. Como lo expresara
John Gatto, premiado en el Estado de Nueva York como Maestro del Año 1991:
"Por ej. David aprende a leer a sus 4 años; y Raquel, a los 9.
Normalmente, cuando ambos tengan 13, Ud. no podrá decir cuál de los dos aprendió
primero, la diferencia de 5 años no significa nada. Pero en la escuela, yo le pondré a
Raquel la etiqueta 'dificultades de aprendizaje'. Y también tendré que demorar un poco a
David, para disminuir la brecha; su ajuste dependerá de mí: yo le diré cuando
avanzar o detenerse, dependencia que él no va a superar. Y a Raquel ya la habré identificado
como mercancía de segunda, para la 'educación especial', a los pocos meses quedará
encerrada en su lugar."
El estereotipamiento de los estudiantes con pruebas estandarizadas
puede crear enormes problemas cuando se trata con minorías raciales.
Otros experimentos han incorporado el uso de drogas psicoactivas para
la "hiperactividad infantil" sin permiso ni conocimiento de los padres. Especialmente irónico
es que los estudios ahora indican que muchos niños hiperactivos probablemente cuando grandes
sean exitosos empresarios.
Un problema relacionado es la imposibilidad de expulsar estudiantes
indisciplinados o perturbadores, porque el estado paga por calentar bancos más que por resultados
educativos. No es coincidencia que el crimen sea un problema grave en muchas escuelas gubernamentales
de los barrios en el centro de las ciudades, pero no en las privadas. El balance final se ha vuelto un
desastre de proporciones épicas. Es cierto que algunas escuelas públicas son efectivas
todavía. Pero generalmente son de pequeños distritos escolares en las afueras de las
ciudades, donde los padres tienen algunos elementos de control, o son escuelas "imanes", elegidas antes
que asignadas. Cada vez más padres buscan alternativas, aún cuando pocos pueden afrontar
los costos adicionales.
Resistencia A La Elección
Los educadores y sus sindicatos han resistido los deseos paternos de
elegir con todo el arsenal de que pueden disponer. Sus tácticas incluyen empleo del estado para
decidir lo que es una escuela, imposición de gravosas normas y reglamentos a las no gubernamentales,
y leyes contra deserción escolar para hostigar la educación en el hogar ["home schooling"].
La lucha central, por supuesto, es sobre dinero: las escuelas del
gobierno quitan demasiado en impuestos a los padres, y se les dificulta poder enviar sus hijos a las otras.
Y los intentos de revertir esta situación mediante créditos tributarios y cupones
[vouchers] terminaron en alevosos ataques, entre otros, de la NEA. Como lo expresara el citado Gatto:
"La escuela se ha vuelto demasiado vital como proyecto de carreras,
distribuidora de contratos, y protectora del orden social. Así no puede permitirse ser 'reformada'.
Tiene muchos aliados políticos dispuestos a proteger sus manifestaciones."
Conclusión
Elegir la educación involucra el retorno de su control de las
burocracias a los padres – porque la historia ha mostrado que el sistema de control centralizado
terminó en resultados pobres y masivo desperdicio de recursos – y es crucial en el camino
a una sociedad libre. Las escuelas gubernamentales no son sólo otro "agujero negro" para el
dinero de los impuestos, sino además una institución que está produciendo un
daño presente a nuestros hijos.
La única salida para que EE.UU. tenga una educación de
calidad será que el poder les sea devuelto a los padres, para que puedan tener derecho a una
verdadera elección, en lugar del estéril monopolio de las escuelas públicas. Los
proyectos creativos, como por ej. el Fideicomiso Escolar de Arizona [Arizona School Trust], fundación
privada que aporta becas para alumnos de bajos ingresos, desquiciarán la legitimidad básica
de las escuelas gubernamentales.
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George L. O'Brien is a prolific libertarian writer, policy analyst, lecturer and
political strategist. He is ISIL's Regional Representative for the
southwestern United States.
Este panfleto fue publicado originalmente en 1993 y revisado en Diciembre de 1997. Es parte de la serie de panfletos educativos de ISIL.
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