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Para Que Haya Orden, Quitar el Planificador

Para que haya Orden, quitar el Planificador

por Sheldon Richman
traducido por Alberto Mansueti

Orden no planificador

     ¿Qué fue primero? ¿La gallina de la economía o el huevo de la acción económica?

     ¿La ciencia económica precede a su objeto propio? La obvia respuesta es no: de otro modo sería como decir que la astronomía precede a los planetas y estrellas, o que antes de Newton las manzanas no caían de los árboles. Sin embargo, hay gente que habla como creyendo que no había economía antes que aparecieran los economistas. Y no es mero ejercicio intelectual: es la manera como entendemos el proceso económico, y como vemos en él al gobierno.

     Los primeros llamados economistas describieron más bien que prescribieron: se interesaron en lo que la gente hace, no en lo que debería hacer. La disciplina comenzó como un acertijo, que debía resolver. Porque desde la Edad Media al menos, algunos observadores perceptivos advirtieron cierto tipo de orden: las cosas se producían, y se colocaban junto a la gente que quería negociar para obtenerlas; pero ese orden no era diseñado. Nadie había planificado ese esquema general. Entonces, ¿cómo ocurría? ¿Cómo era posible un orden no planificado? Era una paradoja. Y la gente que primero se planteó responder a estas preguntas, fueron los primeros economistas.

     La escuela clásica de economía (con todos sus errores) se centró en resolver la paradoja. Adam Smith señaló ese orden no planificado a sus lectores – en "La riqueza de las naciones" – con la metáfora de la mano invisible. Y más tarde Frederic Bastiat vio la tarea de la economía no en probar la existencia de ese orden, sino en ponerle atención y sacar conclusiones sobre cómo surge y funciona. En su libro "El punto de vista económico" (The Economic Point of View), Israel Kirzner cuenta que Bastiat se impresionó profundamente por la forma calmada como "la tremendamente complicada maquinaria de los empeños y esfuerzos económicos tiene gran éxito en cumplir los deseos de los consumidores." Y como Bastiat, muchos otros se impresionaron, y lo resumieron en una frase plena de contenido: "París come", significando que la ciudad consigue alimento, y llamaron "prodigioso e ingenioso mecanismo" a aquel por el cual París podía comer. ¿Ingenioso? Bueno, cierto que los parisinos encontraban en su ciudad muchas cosas utilísimas, provenientes de todas partes del mundo, y todos los días, y podían obtenerlas en intercambio . . . pero no había ningún comando central poniendo carteles y órdenes para dirigir las innumerables transacciones y decisiones que hacían posible una cosa tan maravillosa.

     Ahora bien, no todos piensan como Bastiat. J.E. Cairnes – escribiendo sobre la riqueza – creyó que el razonamiento de Bastiat era falaz: que lo científico debió haber sido probar primero la existencia de orden. Tratarlo como dado era tomarlo como un presupuesto o conclusión anticipada, "y la ciencia no saca conclusiones anticipadas." Cairnes quería estudiar la riqueza sin referencia alguna a esas calmadas operaciones del mercado. Kirzner comenta "Lo que provocó a Bastiat explicarlo, fue precisamente el elevado grado de eficiencia que el sistema evidenciaba empíricamente, fenómeno cuyo simple reconocimiento no merece la sospecha de ser una conclusión anticipada."

Valor subjetivo y utilidad marginal

     La orientación de Bastiat fue incorporada a la Escuela Austríaca de la economía, entendida como lo mejor de la teoría clásica, refinada con una más amplia visión empresarial de la acción humana, y con las teorías del valor subjetivo y la utilidad marginal. La primera teoría simplemente señala que el "valor" indica una relación entre un objeto y un sujeto particular que actúa para obtenerlo y lo valoriza; mientras que la segunda refiere a un análisis de la utilidad basado no en toda la oferta de un bien, sino sólo en aquellas unidades relevantes para la elección humana.

     En la página 1 de su máxima obra "La acción humana" (Human Action), Ludwig von Mises se pone en la tradición de Bastiat cuando alude al "descubrimiento de regularidades en la secuencia e interdependencia de los fenómenos de mercado." Y otra vez en pág. 2: "En el curso de los eventos sociales prevalece una regularidad de fenómenos, a los cuales el hombre debe ajustar sus acciones si quiere lograr éxito." Tal descubrimiento marcó el comienzo de la economía "ya no como disciplina normativa, acerca de cosas que deben ser."

     Sin embargo – escribe Mises – hay quienes "están plenamente convencidos de que en el curso de los eventos sociales no existe tal regularidad." Esos son los aspirantes a planificadores centrales "que no se preguntan por las leyes de la cooperación social, porque piensan que el hombre puede organizar la sociedad como le plazca." Y cuando sus planes fracasan, culpan a la gente que no fue lo suficientemente buena para esos planes.

     Friedrich von Hayek – discípulo de Mises – pasó gran parte de su larga carrera estudiando el "orden espontáneo" concepto que tomó de Michael Polanyi, un físico vuelto a la filosofía. En "La Constitución de la Libertad" (The Constitution of Liberty), Hayek reproduce esta cita (no indica su fuente): "Que hay en la vida social cierto tipo de orden, consistencia y constancia, es obvio. De no haberlo, no podríamos llevar nuestros asuntos o satisfacer nuestros más elementales deseos." Y Hayek añade: "Ese orden incluye múltiples ajustes, respecto a circunstancias cuyo conocimiento se encuentra disperso – en una gran multiplicidad de personas – y que no pueden ser establecidos por una dirección central."

No sólo el planificador central es incapaz de crear un orden tan bueno como el del mercado: ¡Es que no puede crear orden alguno! De allí el título de un libro de Mises: "Caos planificado".

El Planificador Central no puede planificar

     Esa es la ironía. No puede crear orden. El orden se restaura quitando al planificador. En tal sentido la economía sí puede tener implicaciones normativas: establecer qué destruye la disciplina del mercado, y qué la posibilita. Y como el orden del mercado es el que nos permite a los individuos cumplir nuestros fines, tampoco es necesario demostrar su deseabilidad: la prueba en contrario es a cargo de quienes objetan esta capacidad.

     En los años '20 Mises fue más allá que sus predecesores: demostró no ya que la planificación central no puede crear orden, sino que crea caos. Recordemos que por aquel entonces socialismo marxista significaba abolición literal del mercado y todos sus elementos: dinero; intercambios libres; y propiedad privada de los medios de producción. (Hoy el socialismo está tan desacreditado que sus cultores dicen respetar el mercado, aunque en realidad quieren dejarlo paralítico.) Marx jamás quiso discutir cómo una sociedad sin mercado produciría los bienes que los consumidores quieren, y los ubicaría a su disposición. Nunca dijo cómo París comería bajo el socialismo.

     Los mercados cumplen sus funciones porque los precios, como tasas de cambio, permiten tratar cosas no homogéneas en términos de una unidad común: dólar, libra, franco u onza de oro. Materias primas, máquinas, tierras y horas de trabajo se traducen a una unidad de cuenta común, y así las estrategias alternativas de producción pueden ser comparadas, calculando la menos costosa. Y como los consumidores transmiten sus preferencias a través de sus compras, y de los efectos cambiantes que estas tienen sobre los precios, los empresarios pueden servirles mejor, cumpliendo su objetivo de tener los recursos escasos empleados en producir precisamente lo más preferido de los consumidores antes que en otros empleos posibles.

     Pero si los precios han de cumplir su papel transmitiendo información confiable, deben poder cambiar rápidamente ante las fluctuaciones de oferta o demanda; y las cosas a las cuales los precios refieren deben poder intercambiarse en competencia. Y lógicamente, si han de ser transables, tienen que ser poseídas en propiedad privada; de otro modo los precios no serían tales. Y sin precios no hay cálculo racional, y de ahí el caos económico planificado.

El socialismo es imposible

     Mises llegó a la conclusión de que el socialismo es imposible: literalmente, no posible de realizarse. De una sociedad entera que organizase su economía en base al socialismo no puede esperarse trato inteligente con la escasez (diferente a los grupos muy pequeños.) Muchos malentendieron el punto, y lo creyeron refutado por la existencia de la URSS. "Llamen al socialismo ineficiente" – decían – "pero no imposible."

     Cuando la revolución de 1917, los bolcheviques – Lenin, Trotsky – trataron de poner en ejecución el programa marxista; y obtuvieron caos planificado: "Nos estrellamos en el abismo," dijo Trotsky. Corregido por la experiencia, Lenin comenzó la "Nueva Política Económica" (NEP, 1921), una reintroducción del dinero y los mercados. Y desde entonces ningún líder soviético jamás trató de abolir por completo el mercado otra vez; lo cual no significa que la URSS tuvo economía de libre mercado, sino un mercado saturado de gobierno. Pero no hubo realmente planificación central: la verdad es que el "plan" era cada tanto revisado para que reflejara lo que pasaba fuera de las oficinas de los burócratas.

     Entonces los socialistas trataron de enfrentar a Mises y Hayek proponiendo un "socialismo de mercado" capaz de generar precios pero sin propiedad privada ni capitalismo, lo que fue una verdadera rendición de su parte. Por eso mucha gente concede ahora que Mises y Hayek ganaron el debate, y tenían razón: nadie que niegue la existencia de un orden no planificado, puede con propiedad llamarse economista.

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Sheldon Richman es Investigador Senior en la Future of Freedom Foundation, editor de la Revista "Freeman," y autor del libro "Separación de la escuela y el Estado" (Separating School and State: How to Liberate America's Families.) El presente artículo apareció originalmente en "Freedom Daily," publicación de FFF.

The Future of Freedom Foundation
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tel.: (703) 934-6101 * fax: (703) 803-1480
e-mail: FFFVA@compuserve.com * website: www.fff.org

Este panfleto fue publicado originalmente en Mayo de 1998. Es parte de la serie de panfletos educativos de ISIL. Haga clic aquí para ver el índice de panfletos on-line.

Los panfletos educativos de ISIL están disponibles a 5¢ cada copia. Haga clic aquí para ir a la Tienda de ISIL.


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