¿Por qué el desarrollo de las privatizaciones, en los
años '70, y por qué después se convirtieron en un fenómeno mundial, en
los '80? La razón fundamental es que la gente empezó a pensar que el gobierno
simplemente se había vuelto demasiado grande, burocrático e ineficiente. Aunque las olas
de privatizaciones municipales en EE.UU. fueron precipitadas por las revueltas de los contribuyentes
de impuestos, a nivel de los Estados, tipificadas por episodios de recortes impositivos, iniciados por
los ciudadanos. Por ejs. la "Proposición 13" en California (1978), y la "Proposici-ón 2
y ½" en Massachusetts (1980).
De esta manera los gobiernos estadales y locales vieron sus rentas
disminuidas. Y así fueron obligados a buscar medios menos costosos para brindar los servicios
necesarios, y la privatización satisfizo esa necesidad. Y a pesar de que Inglaterra no
experimentó una revuelta de impuestos como tal, los costos de sus gobiernos municipales eran
muy altos, incluso comparados con los "Estados de Bienestar" [Welfare State] del resto de Europa.
Así que cuando las privatizaciones recortaron drásticamente los costos en Wandsworth,
las gentes en otras ciudades y pueblos demandaron similares economías.
¿Por qué las privatizaciones conducen a costos menores,
y a una mayor eficiencia en las operaciones? La razón fundamental es la diferencia en los
incentivos entre los sectores público y privado. Una agencia del gobierno que vive de los
impuestos, difiere profundamente de una empresa. La primera tiene un monopolio legalmente garantizado
para sus servicios (ej. recoger la basura urbana); tiene garantizados sus ingresos, sin tomar en
cuenta su desempeño; y sus trabajadores están protegidos, tanto por la sindicalización
como por el sistema de carrera en el servicio público, lo que virtualmente les garantiza un
empleo permanente – y constantes incrementos salariales – sin importar su rendimiento.
Una firma privada en un mercado competitivo, por el contrario,
contrasta críticamente. Debe competir para ganar sus clientes, ofreciendoles una superior
combinación de precios y atención. Si falla en cumplir adecuadamente, sus clientes
pueden ir a otra. Y la posibilidad de quedar colgada, como la de perder clientes, agudiza la mente y
la concentra. Por todo ello, las firmas privadas que brindan servicios públicos, incluso las
que compiten y ganan por licitación un contrato exclusivo por un cierto número de
años, operan de manera mucho más eficiente que los monopolios del gobierno.
Algunos dicen: esto puede sonar bello en teoría, ¿pero
qué hay de la evidencia? Despues de todo, los críticos sindicatos de empleados públicos
acusan que la privatización debe conducir a costos mayores, dado que una firma privada
tendrá los mismos gastos que una empresa pública, más los de publicidad y ganancias.
La evidencia muestra abrumadoramente que la teoría es correcta, y no las
alegaciones sindicales. Cada estudio controlado caso por caso, comparando servicio público vs.
privado, demuestra costos sistemáticamente mas bajos (a iguales condiciones de desempeño) en las firmas privadas. Esto incluye estudios nacionales sobre recolección
de basura en EE.UU. (1976) y Canadá (1985); de proteccíon de incendios (Arizona, 1976);
de servicios públicos como barrido de calles, pavimentación y reparación de
señales de tránsito (sur de California, 1984); transporte (EE.UU., 1986); transporte
escolar (Indiana, 1984); líneas aéreas (Australia, 1977); reparación de barcos
(EE.UU., 1978), y muchos otros. En todos estos estudios – validados estadísticamente –
el costo de los servicios del gobierno es típicamente de 30% y 40% hasta 100% más caro
que los servicios privados.
A nivel nacional, en países desarrollados como Inglaterra,
Francia y Japón, la privatizacion de empresas de propiedad del Estado se puso en práctica
como consecuencia de una combinación de motivos fiscales e ideológicos. En esos
países, los politicos conservadores llegaron a la conclusíon de que el sector público
había crecido demasiado, y de que era muy costoso para operar (dado que la mayoría de
las empresas estatales arrojaban pérdidas). El análisis económico, mucho del cual
provenía de economistas libertarios de la escuela de la "Elección Pública"
(Public Choice), les persuadió de que los factores políticos obligarían
usualmente a las empresas estatales en el largo plazo a operar con despilfarro, y no al estilo
empresarial. Por ej. Preservarían empleos obsoletos por razones políticas. Así,
en vez de tratar de reformar esas empresas, mucho mejor sería deshacerse de ellas por completo.
Lo que hizo mucho más atractiva la privatización, hasta
para líderes socialistas como Felipe González en España, o para el gobierno
laborista de David Lange en Nueva Zelandia, fue la comprensión de que sólo la venta de
esas empresas haría posible inyectarles considerables sumas de efectivo. Seguramenta habría
poco mercado para acciones de empresas con pérdidas gigantes como Carbón Británico (British Coal) o los
trenes de Japón. Pero si un nuevo equipo gerencial pudiera ponerse al frente, con mano libre
para rebajar costos y racionalizar operaciones antes de privatizar (como en el caso de British Airways,
Jaguar o Rolls Royce), el valor de mercado de esas empresas podría llegar a ser muy significativo.
Hacia fines de 1988, el gobierno británico obtuvo entradas por
más de 40 billones de dólares, de las privatizaciones de viviendas municipales e
industrias estatales. Y el gobierno de Nueva Zelanda recibió más de 14 billones de
dólares por sus privatizaciones; y el gobierno japonés mas de 100 billones sólo
por la privatización de Teléfonos de Japón y Japan Air Lines. Estos son beneficios
que ayudan a reducir el déficit presupuestario sin aumentar impuestos [1 billón EE.UU.:
mil millones].
Para 1989, la idea de la privatización fue
adoptada en muchos otros países. El gobierno de Canadá vendió sus dos
compañías de aviación: De Havilland y Canadair. El de Bangladesh ha vendido sus
fábricas textiles y su industria bancaria. Los de Malasia y Singapur vendieron partes de sus
compañías aéreas estatales. Turquía privatizó el puente sobre el
estrecho del Bósforo, y está planeando vender su aerolínea y otras industrias.
Argentina, Brasil, Chile y Méjico han comenzado a vender numerosas empresas estatales, como una
forma de enfrentar sus problemas de deuda externa. Dado que esas ventas reducen los gastos del gobierno
(necesarios para cubrir pérdidas operativas), mientras que también proveen dinero en
efectivo, la Agencia para el Desarrollo Internacional de EE.UU. [AID], el Banco Mudial y los otros
bancos de desarrollo, han respaldado la privatización como parte importante en las estrategias
de reducción de deudas.
Resumidamente: la revolución de la privatización
está arrastrando a todo el mundo. En tanto produccíon y servicios cambian de ineficientes
monopolios estatales a empresas privadas competitivas, los consumidores ganan mucho con proveedores
más responsables, que les ofrecen bienes y servicios mejores a menor precio. Y los contribuyentes
ganan aún mas, gracias a la reducción en tamaño y costos del Estado.
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Robert Poole, Jr. es Presidente de la Fundación Reason, un gabinete de estudios en Los Angeles, California. Fue cofundador del Centro de Gobierno Local (LGC), ahora una
división de la Fundación Reason, y es pionero de las investigaciones sobre privatización
en EE.UU. Sirve como Editor de la revista "Reason", y también de muchos libros sobre
política pública. Es miembro del Consejo Asesor de ISIL.
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telephone: (310) 391-2245 – fax: (310) 391-4395
www.reason.org
Este panfleto fue publicado originalmente en 1988. Es parte de la serie de panfletos educativos de ISIL.
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